“El monstruo que no dejan salir”, una muestra de 50 esculturas, cuadros, acuarelas y objetos inspirados y realizados con flores y hojas de cannabis sativa se expone de manera presencial y virtual hasta fines de junio en “La Base Cultural”, en la ciudad de Avellaneda, como reflejo de la cultura cannábica que trasgrede límites dejando su huella.

Irónica, utópica e inspirada, la exhibición recoge la obra de Fernando Brizuela y Jacko Rial, entre otros artistas cannábicos de Argentina, en un predio de 400 metros, donde se exponen monstruos realizados íntegramente con cogollos de marihuana, dibujos relativos al uso medicinal de la planta iluminados con luces de neón y acuarelas sobre estudios botánicos del cannabis.

Brizuela comenzó a moldear este material años atrás a partir de la enfermedad terminal que atravesó su hermano mayor, que luego falleció. A partir de esa dolorosa circunstancia aprendió que la marihuana “no cura mágicamente pero te permite tener una vida ‘normal’: te mejora el apetito y te proporciona cierta calma en cuadros de enfermedades terminales”, contó a Télam.

Con esta experiencia artística no solo convirtió el dolor en creación, sino que también descubrió la utilización de una sustancia ilegal en materia prima que, ante la vista de un público que tiene “un vínculo de familiaridad con la planta se establece cierto sentido de complicidad con las obras”, sostiene Brizuela.

Su obra busca “incluir un espectro de sentidos asociados a la marihuana, su historia, sus símbolos y sus rituales, una subcultura que atraviesa de manera silenciosa y transversal a todas las sociedades y clases sociales, y la potencia de mi trabajo está en visibilizar este fenómeno”, señala el artista, quien fue convocado a participar por la Asociación Cannabicultura del Sur.

La situación en Argentina respecto de la marihuana “ha cambiado vertiginosamente en los últimos años gracias a los usos medicinales, por lo que su futuro es prometedor, socialmente ya no es algo tan marginal y no está asociada al crimen o a la vagancia como yo intento ironizar en mis trabajos”, señala Brizuela.

Sin embargo, dice, “me tiene preocupado que en nuestro país todavía van presos pequeños cultivadores y consumidores de marihuana”, en el marco de la denominada “‘guerra a las drogas’ que en estos días cumple 50 años como yo y que significó un rotundo fracaso a nivel global”.

En este sentido, la imagen del monstruo que el artista hizo con cogollos de marihuana, “tiene la intención de enfatizar críticamente esa visión prejuiciosa y superficial de ciertos segmentos de la sociedad que asocia la planta de marihuana únicamente a la degradación personal sin ningún tipo de matices”, sostuvo.

“Es un cuco, una suerte de espantapájaros que representa ‘el flagelo de la droga’, es una imagen ambigua porque aquel espectador que consume o está informado y actualizado en relación al tema capta inmediatamente el tono irónico y crítico de las esculturas”, considera.

Otra de las obras realizada por el artistas para esta muestra es “Visión”, un bloque de flores de marihuana, comprimido, casi prensado, del que sobresalen dos ojos que intercambian su mirada con el espectador, y que el artista relaciona “con las visiones que puede ocasionar toda sustancia que tiene un efecto sobre la mente, y al mismo tiempo devuelve una visión sobre la propia mirada”.

“Para mí lo más poderoso de esta obra, es que está hecha directamente -no con las flores procesadas con material de maquetería como los monstruos- sino con las flores en su estado puro, fresco, lo que quiere decir que el futuro comprador o coleccionista, en algún momento tendrá que decidir si se las quiere fumar o las conserva como obra”, señala.

Dibujos realizados con vistosas y coloridas luces de neón relativos al auge medicinal de la marihuana, así como una cruz médica y un “porro” humeante se incluyen entre las obras de Brizuela, quien rescata la técnica artesanal de las luces de neón de las décadas del 60 y del 70, que ahora está siendo reemplazada por tubos led.

Su trabajo artístico se extiende a curiosas y sugerentes antigüedades de porcelana intervenidas con la cabeza de un monstruo cannábico, trayendo ese objeto a una nueva vida.

Fuente: Télam